Día 354 – La celebración –

La cena no fue la que hubiese querido. Es decir, la cena en si si, los que hicieron que la noche fuese un tanto amarga fueron algunas de las personas que la compartieron junto a mi y me enojé. Si, me enojé pero no con ellos sino conmigo por no poder saber decir que no, por faltarme el respeto, por esa costumbre de ignorar lo que pienso y hasta lo que siento. Me enojé incluso por sentirme un cobarde.

Y entre tanto enojo y entre tanta angustia surgió una idea, así, de repente, como suelen surgir las buenas ideas y entonces decidí celebrar. Celebré que estaba enojado, que por fin me había enojado, celebré haber decidido que esa era la última vez que hacía algo de lo que no estaba convencido o que dejaba que alguien decidiera algo por mi aún cuando intentara disimular la obligación con invitación.

Llegaron las 12, todos levantaron sus copas y yo también lo hice aunque mi brindis no fue por la llegada de un nuevo año sino por el fin de una época que quizás duró mucho más de lo que hubiese debido pero que esa misma noche decidí que había llegado a su fin y fue eso lo que me hizo un poco feliz.

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