Día 323 – La confusión –

El despertador que olvidé desprogramar, el hociqueo de Hito, mi perro, sobre mi cara invitándome a despertarme. Mi cuerpo entumecido, como si hubiese estado en esa posición durante años y ahora volviese a la vida. La confusión que me vuelve un ser atemporal que intenta descubrir en que siglo y parte del mundo está. El instante en el que me siento invalido hasta que las extremidades comienzan a moverse casi imperceptiblemente. Otra vez, otro día, otro Lunes, pienso. Levanto la cabeza con resignación. Hito sigue ahí,  mirándome fijo con esa desesperación con la que suele mirarme cuando daría todos sus huesos y su alimento balanceado por un par de cuerdas vocales.

Cómo paso? Cómo es que fue tan corto el fin de semana? Otra vez empezar?. Me incorporo con la misma dificultad que se incorporaría una estatua.

Pero…si hoy es Lunes, cuándo fue Domingo? Si ayer Sábado salí. Alguien me robó el día para descansar? Hito lo tenés vos? Hito hablame, qué pasó con el Domingo?.

Silencio. Lo único que se mueven son los numeritos del reloj.

Claridad mental gracias a una neurona que conecta y me indica que hubo una confusión en el sistema, que todavía no es Lunes, que me queda un día más, que puedo seguir durmiendo.  Confusión que mientras vuelvo a apoyar la cabeza en la almohada se convierte en un instante de felicidad.

 

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