Día 269 – Las gotas –

A algunos les parece extraño pero por lo general la forma que tengo para poder despertarme por la mañana es rodando , literalmente hablando, como un tronco por la cama hasta caer finalmente abatido en el piso. Es que incorporarme en el lugar donde más cómo me siento me resulta imposible ( esto indudablemente tengo que hablarlo con el analista).  Y así es como cada mañana mi botón de ON se enciende en el momento que estoy ahí tirado en el último nivel donde se puede estar antes de levantarse ( la sesión que viene va a ser esclarecedora).

A su vez si bien la motricidad comienza su funcionamiento segundos después del impacto, mi cerebro se prende sólo cuando siento las primeras gotas de agua sopapear mi cara. Golpes que me reprochan haberme acostado tarde, gotas que me anotician sobre un nuevo día. Golpes que me demandan obligaciones, gotas que me recuerdan los planes para este día. Golpes que me obligan a solucionar lo que no quedó resulto ayer, gotas que me despiertan y me avisan que hoy tengo otra oportunidad para hacer eso que dejé sin hacer ayer.

Esta mañana las gotas fueron más que los golpes y fue eso lo que hoy me hizo un poco feliz.

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