Día 266 – Con gusto a recuerdo –

Por alguna razón que pretendo comprender ,en algún momento, los seres humanos tendemos a glorificar  aquello que ya no está, que se fue, que dejo de existir, que es un mero recuerdo. Lo extraño de esto es que muchas veces aquello que vanagloriamos era algo que antes odiabamos o nos causaba un malestar. Pareciera como si el tiempo tuviese la virtud de solo conservar los aspectos positivos y de diluir todo aquello que hizo que la cosa en cuestión desapareciera.

Puedo ejemplificar esta idea contándoles sobre esas parejas que terminan su relación tirándose cosas, puteándose, odiándose, maldiciéndose y a los pocos meses se preguntan por que fue que se separaron si se llevaban tan bien. Otro ejemplo podrían ser los vivos que una vez muertos se inmortalizan con un manojo de virtudes y milagros dignos de la beatificación sin importar si durante el tiempo que vivieron estafaron, mintieron o fueron verdaderos garcas. También podría nombrar esos compañeros del colegio o de algún trabajo a los cuales jamás soportamos pero que 20 años después no los encontramos en la calle con un fuerte abrazo y reviviendo con aprecio historias que tal vez nunca existieron.

Es como si la memoria tuviese una papelera de reciclaje selectiva, a la que solo van a parar los malos recuerdos y conserva todo lo bueno que alguna vez fue o quizo ser.

Cuando era chico y mi familia era bastante funcional los sábados a la noche mi viejo hacía pre pizzas de diferentes variedades, cenábamos y por lo general mirábamos una película. Insolitamente siempre recordé esas pre pizzas como las mejores pizzas que haya comido, con una masa rica, buenos ingredientes , etc. Antojado por volver a comer esas ricas pizzas fui al chino, compré la marca con la que mi viejo las hacía, varios ingredientes y me dispuse a prepararlas. Al morder la primer porción, la memoria gustativa, que es casi tan certera como la memoria olfativa, me recordó que no era precisamente la pre pizza lo que recordaba que me gustaba. Una masa seca, sin gusto, que de ninguna forma nunca podría superar a las pizzas del Almacén de pizzas o de Los inmortales.

Creé en mi imaginario un sabor que evidentemente nunca existió y me dí cuenta que el verdadero recuerdo, ese que tenía guardado y que ayer recuperé, no era precisamente el de la pre pizza sino el de un momento de mi vida que ayer se hizo presente y que me hizo un poco feliz.

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