Día 232 – La gestión –

La vida hamster, esa que nos mete en una oficina a trabajar 9 horas por día, que después nos inserta en un gimnasio a ejercitar arriba de una cinta y que nos encirra en un laberinto de mails y mensajes que poco tienen para decir es uno de los grandes males de nuestros días. Si bien esta afirmación es de lo más apocalíptica y bajonera ignorarla puede resultar el principio del fin.

El problema con la vida hamster es que te atrapa y te somete casi sin que puedas advertirlo. La vida hamster promueve que tomes aguas saborizadas con sabor a nada, que comas productos light que engordan la ansiedad y que veas todos los días el mismo programa de televisión. Es la misma vida que promete plasmas y aires acondicionados que ofrecen placer y diversión en mínimas cuotas de tiempo y la que te mete en un happy hour con uniformados de corbata en busca de sedantes.

Si llegaron a este párrafo, si no dejaron de leer por miedo a bajonearse, quiero decirles que la vida hamster en realidad no existe, o que si existe pero que cualquiera puede decidir cuando abrir la jaula y salir a pasear un rato.

Después de una mañana caótica y una tarde aún peor gestionamos junto a a mi compañero de jaula una vuelta al parque, una salida para respirar un poco, y que creo que tanto a el como a mi fue lo que hoy nos hizo un poco feliz.

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