Día 147 – El pedido –

A medida que pasamos por diferentes etapas de la vida los pedidos que hacemos y los que recibimos van variando. De chicos pedimos que nos ayuden con los deberes, que nos compren  un juguete o un permiso para poder ir a jugar a lo de un amigo. A cambio, nos piden buenas notas, que ordenemos nuestras habitaciones o simplemente que nos portemos bien.

Crecemos y como si los años fueran niveles de un videojuego, los pedidos se vuelven cada vez mas exigentes. Pedimos bienes en vez de juguetes, pedimos aumentos de sueldo y hasta pedimos que nos propicien un poco de placer. Nos piden que hagamos nuestro trabajo, que paguemos los impuestos o que no manejemos si tomamos.

Por suerte y más allá de todos estos pedidos ordinarios que tanto pueden rompernos las bolas en las diferentes épocas de nuestras vidas existen otro tipo de pedidos, los que lejos de  significar una exigencia representan una responsabilidad, pedidos personalizados, para los que nos eligen especialmente por alguna razón.

Hoy me hicieron un pedido poco usual el cual lógicamente acepté contento y si bien todavía sigo pensando de que se trata ser padrino de alguien, mientras puedo decirles que fue ese pedido lo que hoy me hizo un poco feliz.

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