Día 139 – Los sueños –

La realción que me une a los sueños es tan ambivalente como la que me une con el salame. Dependiendo del momento los disfruto, los repito, los odio o hasta dejo de recordar su existencia.

Los más notable de todo esto es la intensidad con la que vivo cada uno de los momentos de mi relación con ellos, es decir, si se trata de un sueño que disfruto, lo disfruto mucho y me despierto con la sensación de haberlo vivido. Si los repito, el mismo sueño puede estar tres semanas sucediéndose en mi cabeza y las épocas en las que mi mente se despierta en blanco, sin recordar ni un sólo sueño, pueden durar varios meses.

Después de mucho tiempo volví a soñar, o al menos me desperté recordando lo que habia soñado. Fue un sueño vivido, lleno de sensaciones, esclarecedor, que me dejó algunas preguntas pero que me dió un par de respuestas que no encontraba estando despierto, respuestas que evidentemente estaban en mi cabeza dilucidando cual sería la mejor forma de mostrarse. Fue uno de esos sueños que te dan ganas de contarselo a la primera persona que te cruces, de esos que valen una sesión de terapia entera, de esos que durante un día pueden hacerte un poco felíz.

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