Día 124 – El escape –

Cómo un preso que cava un túnel durante meses, estuve un par de horas planeando como sería mi escape, y si bien a último momento el plan A tuvo que ser descartado el plan B, estaba ahí, sobre la mesa, listo para ser ejecutado.

Exactamente a las 5.46 pm activé los motores del gran escape, es decir apagué la computadora, guardé todo en la mochila y me dí a la fuga. Mis piernas se movieron con un agilidad que hasta ahora desconocían y no miré para atrás hasta no estar lo suficientemente alejado. Solo me sentí a salvo al llegar a mi aguantadero, osea mi casa, en la que me preparé una rica merienda que disfruté en el sillón mirando un capitulo de Bob Esponja y fue allí mismo donde encontré eso que ayer me hizo un poco feliz.

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